Eres lo único en lo que pienso en la ducha

Cuando el agua gotea sobre mi espalda, patinando por los hombros que besarías y las caderas en las que clavarías tus uñas, imagino que todavía estás parado detrás de mí. O al menos, que estás afuera de la puerta, descansando en el sofá, esperando a que yo apoye mi cabeza en tu regazo y te empape con mi cabello húmedo y enredado.

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1. No puedo distraerme.

Cuando estoy solo en la ducha, sin redes sociales para desplazarme o amigos para enviar mensajes de texto, me da tiempo para pensar. Y el tiempo para pensar es peligroso, porque mi mente siempre vuelve a ti. La forma en que ponías los ojos en blanco cada vez que te hacía un cumplido. La forma en que sonreías cuando no querías admitir que había dicho algo gracioso. La forma en que deslizabas tus labios sobre los míos cuando querías decir sin palabras: 'Te amo'. Tú tú tú.

2. Estoy completamente expuesto.

Si miro hacia abajo, puedo ver el estómago que nunca consideré hermoso hasta que lo estropeaste con besos. Puedo ver los muslos entre los que te deslizarías en nuestra cama y en la parte trasera de nuestro auto. Puedo ver la cicatriz en mi tobillo de esa noche dura cuando me caí de la cama y me vedaste. Cada centímetro de mi cuerpo tiene un recuerdo diferente, una razón diferente para extrañarte.

3. Cada toque me recuerda a ti.

Paso champú por mi cabello y te imagino jugando con los mismos mechones. Deslizo jabón por mi pecho y siento tus manos ahuecando mis senos. Pruebo el agua en mi lengua, resbalando por mi garganta, e imagino cómo sería ahogarme. Supongo que se sentiría como el día que te fuiste.

4. Puedo jugar a fingir.

Cuando estoy en la cama, soy muy consciente de que no estás conmigo, porque no hay un pliegue adicional en las sábanas ni una mano en mi muslo. Cuando estoy en la cocina, puedo sentir tu ausencia, porque solo hay un juego de cubiertos en el fregadero y tu cerveza favorita no está en el refrigerador. Pero cuando estoy rodeado por las paredes del baño, puedo fingir que todo está bien. Que en cualquier momento llamarás a la puerta y pedirás acompañarme o que el agua se enfríe y tendré que gritarte por lavar los platos mientras todavía estoy en la maldita ducha.

5. Es lo que estoy acostumbrado a hacer.

No ha cambiado mucho. Cuando estábamos juntos, eras lo único en lo que pensaba en la ducha. Pero esos pensamientos eran diferentes. No se trataba de oportunidades perdidas y recuerdos amargos. Se trataba de lo que tendríamos que comer para la cena y de lo mucho que te encantaría el aroma de mi nuevo champú. Se trataba de qué pieza de lencería me pondría esa noche y qué color de corbata usarías el día de nuestra boda. Se trataba de nuestro futuro, pero ahora todo lo que tenemos es un pasado.